Gabriela Cancio lleva más de dos décadas vinculada al Puerto Madryn Tenis Club. Desde 2003, cuando llegó a la ciudad junto a su familia, construyó una historia ligada a la enseñanza del tenis, acompañando a distintas generaciones de niños, jóvenes y adultos que encontraron en el club un espacio para aprender y disfrutar del deporte.
Profesora de tenis desde 1997, Cancio se formó profesionalmente en Buenos Aires. Es oriunda de General Roca, donde tuvo su primera experiencia laboral como docente de tenis en el Jockey Club de esa ciudad. Al mismo tiempo, desarrollaba su actividad en Neuquén capital, en el Club El Biguá.
En 2003 decidió radicarse en Puerto Madryn y comenzó su vínculo con el Puerto Madryn Tenis Club. Durante sus primeros años se de sempeñó en la antigua escuela de tenis de la institución. Luego, desarrolló una escuela en el Club Náutico, donde trabajó con menores y adultos hasta comienzos de 2007.
En marzo de ese año regresó al Puerto Madryn Tenis Club para integrarse nuevamente a la escuela junto al profesor Ramiro Tincoff. Desde entonces, continúa desempeñándose como profesora y tiene a su cargo la coordinación del área de mini tenis, uno de los espacios que funciona como semillero de la institución y que recibe a niños desde los seis años.
“Si pienso en años atrás, la institución está completamente diferente a aquellos años, lo cual me da felicidad. Ver cómo el club ha ido mejorando me pone muy contenta. Me gusta siempre decir que es un club que se hizo a pulmón y se hace a pulmón. Cada logro lo celebro un montón porque sé lo que cuesta”, señaló Cancio.
En ese sentido, destacó la importancia de transmitir a los más pequeños el valor de pertenecer a una institución y el compromiso con su cuidado.
“Como profesora siempre les enseño a los chicos sobre el cuidado del club. Me gusta mucho que aprendan a valorar cada rincón porque cuesta sostenerlo. Verlo ordenado, prolijo y saber que siempre estamos con proyectos nuevos es algo que disfruto mucho”, explicó.
La escuela de tenis cuenta actualmente con distintas etapas de formación. Los más pequeños comienzan en el área de mini tenis, con pelota roja, donde dan sus primeros pasos en la actividad. Luego avanzan a pelota naranja y pelota verde, hasta llegar al juego en cancha completa. A partir de allí, transitan las etapas de precompetencia y competencia.
Cada una de estas categorías tiene sus propios encuentros y torneos, lo que permite que los chicos puedan desarrollar progresivamente sus habilidades y comenzar a vivir sus primeras experiencias competitivas.
“Me encanta y disfruto mucho ser profesora de niños y niñas. Los chicos tienen ocurrencias hermosas y un amor para dar que es incomparable. Eso es lo que te llena y me empuja a continuar a través de los años y seguir creciendo como profesora”, contó.
A lo largo de su trayectoria, Cancio también acompañó a numerosas generaciones en viajes y competencias. Córdoba, Rosario, Neuquén, General Roca, Cipolletti, Viedma, Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia fueron algunos de los destinos recorridos junto a los alumnos de la escuela.
Para la profesora, esas experiencias trascienden los resultados deportivos y forman parte de los recuerdos que quedan para toda la vida.
“Es una alegría enorme cuando pasan generaciones y nosotros seguimos estando en el club, dándolo todo como el primer día. Los menores en algún momento se despiden para ir a estudiar. Después pasan, te saludan y te dan un gran abrazo. Y cuando vuelven a Madryn, ya recibidos y convertidos en hombres o mujeres, se acuerdan de los viajes que hicimos con la escuela de tenis”, relató.
En ese recorrido, también destaca el valor de los vínculos que se construyen a través del deporte. “Más allá del tenis, están las vivencias que les quedan a estos niños. Lo más lindo es que, después de tantos años, continuamos haciendo esos viajes con los alumnos de la actualidad”, agregó.
Su tarea también está vinculada con la formación de los adultos que se acercan al club. Cancio destaca especialmente la posibilidad de generar nuevos vínculos entre personas que muchas veces llegan sin conocer a nadie. “Me gusta unir a personas que llegan sin conocer a nadie. Armo viajes y así muchos de ellos, especialmente mujeres, dan sus primeros pasos en la competencia viajando. Allí se han formado muchos vínculos y amistades que continúan a través del tiempo”, explicó.
Para Cancio, el aprendizaje del tenis también está relacionado con la perseverancia y la capacidad de superar las dificultades propias de un deporte individual. “Soy de empujar a cada niño y niña para mejorar, no abandonar ni bajar los brazos. Siempre les digo que el tenis es un deporte difícil porque es real, pero todo se puede lograr con perseverancia”, sostuvo.
Su compromiso con el Puerto Madryn Tenis Club también se refleja en las actividades que se realizan para colaborar con la institución. Participa en torneos a beneficio, cuya recaudación se destina a mejoras del club, y en acciones solidarias para reunir alimentos no perecederos destinados a hogares de niños.
Después de más de dos décadas de trabajo, Gabriela Cancio continúa ligada a la formación de nuevas generaciones y a la vida cotidiana del club. Su historia está atravesada por cientos de alumnos, viajes, torneos y experiencias compartidas, pero también por una idea que repite cada día: enseñar tenis, formar personas y transmitir el sentido de pertenencia por una institución que considera una segunda casa.
“Me llena mucho participar y disfrutar de ver al club más lindo y prolijo en el día a día. Es una segunda casa para varios”, resume.