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Lo que dejó Sierra Pintada a Mendoza I

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El complejo uranífero Sierra Pintada, que funcionó entre 1979 y 1995, está ubicado a 35 km de la ciudad de San Rafael provincia de Mendoza, en la cuenca hídrica que abastece a la ciudad y otros distritos a través del Río Diamante.

El ambientalista Correa Gabbi responsable de la publicación La Voz de la Tierra e integrante de la ONG Nativa, advirtió que, en los años 90, los casos de cáncer en la región eran muchos, a tal punto que 14 empleados de la mina de uranio, administrativos y operarios, murieron por enfermedades oncológicas. En aquella época se decía que San Rafael era la Capital Nacional del Cáncer.


También contó que realizaron una medición de la calidad del aire y encontraron radiactividad en la ciudad de Mendoza, a casi 200 kilómetros de la mina, un nivel 10 veces más de los permitido.

 

En Sierra Pintada quedaron varios pasivos ambientales sin tratar al momento del cierre de la producción (1995-1997): residuos sólidos de alta concentración de uranio, enterrados en tambores; agua de cantera contaminada con uranio, radio y arsénico; colas de mineral (relaves o tailings) provenientes del proceso de lixiviación del uranio, rocas mal llamadas estériles y materiales de baja ley.

 

Aquí, antes de seguir, es preciso aclarar que en 1995 se modificó el Código de Minería que, entre otras cosas, estableció como deben cerrarse las minas de uranio. Hoy, de cumplirse las normas de la modificación del Código, no podría abandonarse una mina.

 

Las cifras de residuos de Sierra Pintada que trascendieron son: 5.223 tambores con aproximadamente 1.068 toneladas de residuos sólidos, que contienen cerca de 14 toneladas de uranio recuperable; cerca de 1 millón de m³ de agua de cantera contaminada y más de 1 millón de m³ de colas de proceso (relaves) acumuladas en el sitio.

 

Cuando se aprobó la remediación ambiental de la Fase I en 2019, la Provincia de Mendoza identificó como residuos prioritarios justamente los 5.223 tambores de residuos sólidos y el agua de cantera contaminada, dejando para etapas posteriores el tratamiento de las grandes masas de colas y otros pasivos.

 

Concretamente, los residuos nucleares que quedaron sin tratamiento son aproximadamente 1.068 toneladas de residuos sólidos radiactivos en tambores, más de un millón de metros cúbicos de colas de proceso y casi un millón de metros cúbicos de agua contaminada, todos ellos pendientes de remediación al cierre de la explotación.

 

Técnicamente las colas de uranio constituyen la mayor parte del pasivo ambiental del sitio. Aunque tienen baja concentración de uranio, su enorme volumen hace que sean el principal desafío de remediación a largo plazo.

 

En próxima nota veremos las cantidades de radio-226, torio-230 y uranio que quedaron contenidos en esas colas, que es una medida más útil desde el punto de vista radiológico que el simple tonelaje de residuos.

 

Cuando se procesa mineral de uranio para producir yellowcake, se extrae principalmente el uranio, pero gran parte de la radiactividad original permanece en las colas de proceso (relaves).       

 

Continúa...

 

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